LOS ÚLTIMOS DÍAS DE O´HIGGINS

El entierro del prócer chileno impuso una breve tregua en la siempre violenta política peruana
La muerte de O´Higgins hizo recordar a Lima los años convulsos de la guerra de la independencia
y el valioso papel que cumplió, en este objetivo, como director supremo de Chile.
A la muerte de su hermano, doña Rosa asumió el control universal de la hacienda Montalván de Cañete y la residencia de Espaderos 9, hoy jirón de la Unión.

Rosita Rodríguez, media hermana
del prócer. Le decían  "general con
polleras" y la historia la  conoce como
Rosa O´Higgins.
Ella relató sus últimos días: “La naturaleza de su enfermedad hizo sus dolores físicos tan acerbos que no hay voces para expresarlos, pero su paciencia y sufrimiento fueron tales que los que lo rodeaban solo podían calcular la extensión de sus sufrimientos por la terrible fatiga que lo oprimía y que no podía ocultar a pesar de que jamás se le oyó la menor queja… ansiando siempre por el bien de su patria, contra la que jamás exhaló una queja, a pesar de ver olvidadas por ella sus servicios”.6
A un mes del deceso, el sábado 26 de noviembre, en la Iglesia de San Agustín se celebraron las honras fúnebres, a cuenta de la acongojada doña Rosa. Un destacamento militar rindió los honores en la pequeña plaza limeña del mismo nombre y en medio del templo se formó un túmulo con las banderas de Argentina, Chile y Perú, países tan estrechamente vinculados a la vida heroica del finado.
El gran mariscal La Fuente y el vicepresidente Justo Figuerola se hicieron presentes a nombre del gobierno peruano.
El vapor Perú tardaría veinte días en llevar a Chile la noticia de la muerte de su ex director supremo. El presidente Bulnes decreto una semana de luto y banderas a media asta en todo Chile. La misma reacción de pesar adoptaron los gobernadores de Buenos Aires y Mendoza, ciudades donde desplegó sus esfuerzos para hacer posible el envio del Ejército de los Andes que liberó a Chile.
Cuartel Santo Toribio (izq.) del ex Cementerio General de Lima. El prócer fue depositado en un nicho que hoy está ocupado por los restos de Manuela Sotomayor de Orellana, enterrada en 1872.
La prensa continental se acordó entonces de su indesmayable lucha por la emancipación americana. El Comercio de Lima le dedicó amplio espacio.
El lunes 12 de diciembre reprodujo el texto de un semanario de Santiago y, al día siguiente, publicó un amplio y ampuloso remitido, Exequias del General O´Higgins, con detalles biográficos. El 24 publicó otra información de El Araucano, sobre la ley del Congreso chileno, aprobada el 29 de noviembre y que disponía la repatriación de los restos del fundador de la patria.
Pero el retorno del héroe a su país demoraría 26 largos años.

Mientras D. Bernardo agonizaba, la familia crecía con el inicio del segundo embarazo de Petronila.
Desde Lima, doña Rosa le informa a Pequeño el nacimiento de Rosa Petronila, el 30 de junio de 1843. “El parto fue muy trabajoso, después de dos días de dolores penosos… Es muy grande y muy gordita y parece ser muy bonita a pesar de que todavía está hinchadita”.7 
A la usanza de esos años, la niña fue bautizada a los pocos días y la tía  fue la madrina. Era doblemente comadre de Pequeño, pero la relación entre ambos sería tormentosa “por la persistente y torpe ingerencia de Rosa”8 en su matrimonio con Petronila.
Siguiendo las instrucciones secretas de su hermano, en setiembre de 1846 y ante el mismo escribano Villafuerte, Rosita nombra y otorga poder a Pedro Demetrio Jara y José Toribio Pequeño, consagrándolos herederos universales de los bienes dejados por O´Higgins. Ambos además eran casi de la misma edad y siempre tuvieron una amistad sólida y fluida.
Petronila tendría cuatro hijos más con Pequeño, sin embargo, las relaciones de este con su doble comadre empeorarían con los años. “Yo hice un doble casamiento”, se quejaría más de una vez y, cansado de sus intromisiones, cortó sus relaciones con doña Rosa en 1849.

Lápida del nicho donde estuvo
 enterrada, por casi cien años,
la hermana del prócer.
Imperiosa y dominante, de talante varonil en lo físico y moral según Vicuña Mackenna, la hermana del finado fundador de la república chilena reaccionó con dureza y por escritura pública del 4 de marzo de 1850, revocó el nombramiento de Pequeño sobre los bienes y designó a Pedro Demetrio heredero único y universal.
Rosita O´Higgins no volvería a Montalván. Falleció en Lima, el 17 de octubre de 1850, a los 69 años. Fue enterrada en el mismo pabellón donde reposaban los restos del temido argentino Bernardo Monteagudo y de otros personajes de la élite limeña que vivieron el cambio del Virreinato a la República. Ella y su madre serían repatriadas por el gobierno chileno en agosto de 1947.


Famosa pintura del alemán Rugendas, de la Plaza Mayor de Lima en 1843, un año después de la muerte de O´Higgins.



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