LA LARGA NOCHE DE LIMA

Al celebrarse los aniversarios de Lima, todos los 18 de enero, se cantan valses nostálgicos, se ensalza el espíritu mazamorrero de los limeños, por ahí algunos repiten ese lugar común de “Lima ciudad jardín” y otros también destacan su cielo color “panza de burro”.

Pocos, muy pocos recuerdan o quieren recordar que Lima, nuestra vieja Lima, sufrió la humillación de ser invadida y ocupada por el ejército invasor de un país vecino (1). Fue una ocupación militar implacable, del 17 de enero de 1881 al 23 de octubre de 1883, que Jorge Basadre llama “la larga noche”.

Tras derrotar al ejército aliado en Tacna el 26 de mayo de 1880, y para consolidar su geopolítica de expansión y conquista, Chile decidió llevar la guerra a la misma capital del Perú. Arrinconada Bolivia en el Altiplano -que dicho sea de paso, nunca existió como fuerza de contención militar-, Chile tenía las manos libres para lanzar a su ejército de 20 mil hombres contra Lima.

La sombra negra de la guerra llegó entonces hasta las puertas mismas de la orgullosa, alegre y mundana capital del Perú y el monitor Huáscar -con bandera chilena y nuevos y más poderosos cañones de retrocarga instalados por sus captores- apareció frente al Callao como el heraldo de la destrucción y la muerte que ya aleteaba cercana.

LOS PIRATAS NO ENTRARON

Durante los tres siglos que fue el eje de la dominación hispana en América del Sur, Lima nunca sufrió el daño de los cañones enemigos ni menos se combatió en sus calles.

La peor amenaza que vivió fue en los primeros días de setiembre de 1536, al ser sitiada por miles de soldados cusqueños enviados por Manco Inca, quienes penetraron hasta los bordes mismos de la incipiente capital.

En agosto de 1623, 23 barcos piratas, al mando del almirante holándes L`Heremite Clerk sitiaron el Callao y se aprestaban a tomar la engreída Ciudad de los Reyes, entonces la más rica y opulenta de América.

Pero una peste de cólera atacó por esos días a los marineros holandeses y hasta el mismo L´Heremite murió deshidratado entre las rocas y arenas de la isla San Lorenzo. Sin la energía de su jefe, los piratas levaron anclas y se fueron.

Las revoluciones indígenas tampoco tocaron las puertas de la Ciudad de los Reyes. Todo lo contrario. De Lima salieron los ejércitos virreynales que arrasaron los alzamientos de Túpac Amaru II, Pumacahua y Zela.

Apagadas las revoluciones libertarias a sangre y fuego, durante la lucha emancipadora Lima se convirtió una vez más en el centro de la represión española. Desde la Casa de Pizarro, los virreyes Abascal y La Serna enviaron los ejércitos que combatieron contra los independentistas en Argentina, Chile y el Alto Perú (Bolivia).

Durante esos años violentos, Lima, sin derramamiento de sangre en sus calles, pasó de manos de La Serna a la de San Martín, luego volvió a manos de La Serna y, finalmente, cayó en poder de Bolívar.

Ni un cañonazo retumbó dentro de sus murallas ni antes ni después del famoso “el Perú es libre por la voluntad general de los pueblos...”


LIMA NUNCA LOS QUISO

La revoluciones de cuartel que asolaron Lima durante la década del 30, a lo sumo motivaron masivos cierrapuertas y elevados murmullos, pero los caudillos prefirieron dirimir sus peleas por el poder fuera de la capital.

Las tropas chilenas -que llegaron al mando del general Bulnes y dirigidos por jefes peruanos (Agustín Gamarra y Ramón Castilla) para acabar con la Confederación Perú-Boliviana creada en 1836-, batieron al ejército de José Luis Orbegozo en la batalla de Portada de Guía en agosto de 1838, pero no fueron bien recibidos en Lima porque la población, aunque aborrecía al presidente Santa Cruz por ser boliviano, ya intuía los afanes expansionistas de Chile.

Después de esta infausta década, Lima y el Perú vivieron momentos de gloria continental con el triunfo del 2 de Mayo, en 1866, y la embriaguez de la victoria, más el despilfarro y la improvisación, no hicieron ver el armamentismo chileno y su apetito por apoderarse de los ricos yacimientos salitreros de Antofagasta, en Bolivia.

Ya desde 1872, era abierta la política expansionista chilena, pero Lima no abrió lo ojos y, como ahora, los políticos limeños preferían enzarzarse en dimes y diretes, en acusaciones interminables y menudas, mientras el país iba camino a la bancarrota y ni el Ejército ni la Marina estaban preparados para enfrentar una confrontación bélica.

El Ejército perdió Iquique sin combatir (23/11/79), fue derrotado sin atenuantes en Pisagua (2/11/79) y, junto con los aliados bolivianos, dio la impresión de ser una horda sin control ni preparación en el desastre de San Francisco o Dolores, como prefieren llamar los chilenos a esa batalla (19/11/79).

La improvisación total y la ausencia de recursos que reinaba en el ejército aliado tampoco pudo contener al ejército chileno, más preparado y organizado, mucho mejor armado y con una línea de mando vertical y disciplinada. Y si bien en Tarapacá (27/11/79) la victoria dio un pequeño aliento de esperanza, pocos meses después se perdió en el Alto de la Alianza (26/5/80) y sólo el heroísmo de Bolognesi y sus hombres en el Morro de Arica (7/6/80) salvaron el honor, pero igual se debió abandonar esa estratégica posición.



EL ANIVERSARIO
MÀS TRISTE

Lo peor, para Lima, llegaría después, cuando las tropas de Chile –fortalecidos con 70 cañones Krupp y con el fuego de su escuadra- infligirían derrotas contundentes a las fuerzas peruanas en San Juan (13/1/81) y Miraflores (15/1/81), donde se batió lo mejor de la juventud limeña.

Dueños de la situación, las tropas chilenas ingresaron a las 4 de la tarde de un soleado 17 de enero de 1881, en la víspera de celebrarse los 346 años de la ciudad. Fue, tal vez, el aniversario más triste de Lima, cuyas casas, sin embargo, estaban embanderadas, pero con emblemas de otras naciones para evitar ataques de la soldadesca chilena.

Durante tres años, Chile dispuso de las riquezas del Perú y saqueó todo lo que pudo, como el buitre que se ceba en su víctima muerta.

Bajo la máscara de la victoria, el almirante Patricio Lynch, con el visto bueno de Santiago, desde Lima ordenó la destrucción sistemática de puertos y haciendas, y se llevaron hasta los animales del pequeño zoológico que funcionaba en el Parque de la Exposición. Y lo que no pudieron cargar, como las bellas estatuas del Paseo Colón, lo destruyeron a dinamitazos

Los vecinos acaudalados, los que mismos que en 1879 se opusieron a contribuir con impuestos de guerra, fueron obligados a pagar cupos que los llevaron a la ruina, y una veintena de ellos fueron llevados cautivos hasta un alejado poblado, al sur de Santiago, adonde también después fue enviado en cautiverio el presidente provisional García Calderón.

La Biblioteca Nacional fue saqueada y convertida en potrero, y el Hospital Dos de Mayo, uno de los más avanzados de su época en América del Sur, fue convertido en un hospital exclusivo para los soldados chilenos heridos o enfermos durante las sucesivas expediciones enviadas sin éxito para derrotar al general Cáceres y los hombres de La Breña..

La población limeña no se salvó de las garras del sur y fue puesta bajo la ley marcial por disposición de Lynch, gobernador político y militar del Perú.

La menor reacción contra la soldadesca chilena era castigada con azotes en público o, en el peor de los casos, con el fusilamiento, como el perpetrado contra inocentes en la Plaza de San Lázaro, en setiembre del 81.

“Si los días eran espantosos en Lima, las noches eran horribles”, reseñó Tomás Caivano en el vibrante alegato que escribió a favor del Perú para sensibilizar a la opiniòn pública europea en esos días de ocupación chilena.

Los rigores a que fue sometida la antigua Ciudad de los Reyes solo pueden ser comparados a los abusos que perpetraron los militares brasileños en Asunción, capital paraguaya que fue arrasada tras la derrota en la guerra contra la Triple Alianza, en 1870.

Han pasado 127 años desde que terminó la larga noche de la ocupación chilena y al cumplirse una aniversario de nuestra capital, esperamos que la traumática lección de la guerra nos sirva de motivación para hacer de Lima una ciudad grande, cabeza de un país que mira el futuro con esperanza y con ganas de ocupar el sitial que nunca debió perder por los errores y enconos de sus propios hijos.



(1).- Paraguay se enfrentó a Brasil, Argentina y Uruguay en la cruenta guerra contra la Triple Alianza, de 1864 a 1870. Brasil siguió la contienda hasta tomar la capital paraguaya, Asunción, que fue arrasada e invadida hasta que se nombró un gobierno títere. Buenos Aires fue otra capital tomada por fuerzas navales de Inglaterra, en 1807, cuando aún era sede del virreynato español. Los ingleses fueron derrotados y arrojados en un levantamiento militar y popular. La capital de México fue capturada por Estados Unidos, tras la guerra iniciada en 1848, y que le costó a México perder el 51% de su territorio a favor de los vencedores.

Comentarios

  1. entre los años de 1881 a 1883 duro la ocupacion chilena en lima peru., yo quisiera saber ¿ como era la vida de los limeños durante la ocupacion chilena? ¿en que manera influyo la ocupacion chilena en los negocios de los limeños es decir restaurantes, carpinteros, sastres,etc?si los chilenos tenian una lista de todos los negocios que habia en lima o tenian una lista de censo para controlar la poblacion o los negocios que habia en lima.

    durante la ocupacion chilena en lima peru, mi antepasado el boliviano benjamin sardon tenia un restaurante y dos casas tiendas., mi otro antepasado manuel castellanos era carpintero, ambos antepasados mios., vivieron en lima durante la ocupacion chilena en lima peru.


    si exsiste algunos datos al respecto por favor comuniquese conmigo., a mi email: numida2008@hotmail.com., muchas gracias.

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